31 de julio, día de San Ignacio de Loyola

07/30/2018

 

El nombre y figura de San Ignacio de Loyola ha permeado desde hace más de 5 siglos la historia de la humanidad. Su obra ha atravesado fronteras geográficas, sociales, culturales, intelectuales y espirituales.

 

La vida de este caballero español, presente hasta nuestros días en todas las misiones jesuitas, continúa floreciendo, llenando de vida y esperanza a aquellos lugares a los que nadie más quiere o puede ir. Su legado, principalmente plasmado el “Los Ejercicios Espirituales”, ha marcado la forma de relacionarse con Dios de millones de personas. Esta obra, fuente de la espiritualidad ignaciana, orienta e ilumina el actuar jesuítico, inspirando a religiosos y fieles a buscar siempre el Magis en la vida.  

 

 

En este día que se celebra la vida del Padre de la  Compañía de Jesús, es una excelente oportunidad para apreciar el amor de Dios actuando a través de San Ignacio y su obra. Debemos ser agradecidos por tener la dicha de ser testigos de los frutos de una de las Órdenes religiosas con mayor presencia e influencia en la vida moderna de la humanidad. 

 

Iñigo de Loyola – San Ignacio – nació en el País Vasco, España, en el año  de 1491. Durante su juventud su mayor deseo era realizar grandes hazañas militares, conseguir la mayor gloria y honra militar posible, servir al Rey. 

 

Después de un trágico accidente durante la defensa de Pamplona, San Ignacio resultó fuertemente dañado de una pierna. Como resultado de esto se vio confinado a una vida de reposo total teniendo como única distracción un libro de la vida de Cristo y de los Santos. 

 

Así inició su camino de lucha contra el estilo de vida que había mantenido, dándose cuenta que solo lo que provenía de Dios lo dejaba tranquilo y en paz. 

 

En su peregrinar, Ignacio tomo la decisión de comenzar a estudiar en París, Francia, en donde conoció a 10 compañeros, con quienes tomó la decisión de ponerse al servicio de la iglesia, y el Papa. En 1540 el Papa Paulo II aprueba la creación de la Orden de la Compañía de Jesús, siendo San Ignacio el primer Padre General. 

 

La misión de la Compañía de Jesús rápidamente cobró fama, sus novedosas técnicas educativas y de encuentro con la gente comenzaron a permear en la vida cotidiana de la sociedad. La idea de ser contemplativos en la acción, es decir encontrar a Dios en todas las cosas, rompió con el esquema de evangelización predominante. Su método de discernimiento, plasmado en los Ejercicios Espirituales logró mostrar una forma de encontrarse con Dios desde lo más sencillo de la cotidianidad. 

La compañía de Jesús salió a las calles, atravesó mares y ríos, llegó a nuevas tierras, todo por la construcción del reino. 

 

El tiempo ha pasado, la semilla sembrada por San Ignacio y sus primeros diez compañeros sigue dando frutos en abundancia hasta el día de hoy. Pese a las dificultades que ha atravesado la Compañía de Jesús, a la fecha es una de las órdenes religiosas más numerosas del mundo, con un total de 18,815 miembros distribuidos en los 5 continentes en una gran variedad de misiones y proyectos, como universidades, colegios, centros de apoyo a migrantes, indígenas, derechos humanos, centros de estudio científico y muchos más.

 

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